Explica la política industrial de la monarquía y las medidas adoptadas respecto al comercio con América.

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La industria española en el siglo XVIII presentaba graves problemas derivados, fundamentalmente, de un sistema gremial que coartaba la libertad de producción, la innovación y la competencia; predominaba el pequeño taller de escasa producción y los métodos de trabajo eran arcaicos y rutinarios.
La preocupación por el fomento de la industria nacional fue una constante entre los gobernantes del siglo, en especial de Campomanes. Desde una visión mercantilista se pensaba que para mantener una balanza comercial favorable, era preciso crear una industria nacional potente, capaz de competir con los productos extranjeros y de asegurar el abastecimiento a todos los dominios españoles, peninsulares y coloniales. En tal sentido, destaca la creación de las “Reales Fábricas”.
A partir, sobre todo, de a mediados del siglo cuando se modifica la política hacia América, decidiendo incrementar la explotación colonial (proveedora de materias primas y mercado para el consumo de productos peninsulares) para aumentar su rentabilidad. La economía colonial, basada hasta ese momento en la producción agraria, se dinamiza con medidas liberalizadoras,  una fuerte actividad comercial, tras adoptar como medidas la creación de las Compañías de Comercio y con la recuperación de la minería.
Con respecto a Canarias, hasta hace poco era moneda corriente el mito del denominado “tributo de sangre“, según el cual el rey obligaba a embarcar para América a 50 familias canarias por cada mil toneladas de mercancía. Dicha interpretación es completamente errónea: ni era una imposición de la monarquía (se hacía por interés de las propias élites canarias), ni era una emigración forzosa, sino sólo de aquellos que voluntariamente querían probar fortuna en las Américas.

 

 

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